
Luego de un tiempo tratándose con el psiquiatra que la atendió en primera instancia, pasamos a una nueva fase donde recurrimos a un médico cubano que intentó localizar el problema en la tiroides. Lo cierto es que pese a los exámenes que encargó y a un par de sesiones en su consulta, no se llegó a nada. De allí vino el período de tratamiento con un psiquiatra cuyo nombre se pierde en nuestra memoria pero que tenía algún grado de cercanía pues trataba entre otras personas de La Serena a la madre de Cecilia. Una visita semanal y la aparición entre los fármacos de Traviata fueron los rasgos más distintivos de aquella etapa. Fue en ese año(2004) en que viajamos a Río de Janeiro en abril con el permiso del facultativo y con la esperanza que el cambio de aire pudiera mejora el ánimo o al menos alejar las ideaciones suicidas de Cecilia. Pero ni el sol, ni las playas de Copacabana o Ipanema, ni las caipirinhas, ni el Corcovado lograron sacarla del hoyo negro en que estaba metida. Hasta esos momentos todavía no se interrumpía por completo la faena laboral en Huérfanos, pero ya causaban estragos en nuestra economía doméstica los medicamentos y las consultas médicas que no eran cubiertas por completo por la Isapre o el Seguro Médico de la empresa. (cont. )

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